Legajo 1-0008
Los azulejos
Los azulejos estallan uno por uno, en fila, siguiendo a alguien que corre detrás de las mesadas, y la fila se corta donde se corta el que corría.
Ahora son tres por lado. El tercero de ustedes llegó sin que nadie lo llamara.
En una pausa, tu compañero se agacha a cargar. Le tiemblan las manos. Se las queda mirando un segundo, las dos, con las palmas para arriba. Después sigue.
—¿Primera vez? —le pregunta el nuevo.
—No sé.
El nuevo se ríe, corto, por la nariz.
—Yo tampoco.