Legajo 1-0016
El cruce
Te tirás al aro.
La luz te agarra y no te suelta. De este lado te quedan la mano del arma, un hombro, un ojo; del otro, el resto, en un aire más frío. El corazón te late de un solo lado.
Tenés miedo, y no sabés con qué mitad.
Después salís, entero, en la otra punta, y te palpás el pecho y los brazos como quien cuenta el vuelto.
Está todo.
Atrás, el aro se apaga con un chasquido. Uno de ellos venía cruzando detrás de vos y se queda en el plano, partido, una mitad de cada lado del metal.